Fotografia © Elena Figoli

     Estos días he hecho el cursillo de formación de Alerta Estigma, unos de los proyectos de lucha contra el estigma de la campaña Obertament a la que nos hemos sumado desde ActivaMent. Y se me han planteado puntos importantes que quiero comentaros.

     Aparte de los temas de los que ya hemos hablado aquí, como que las personas con trastorno mental no somos peligrosas, hay otras realidades de nosotros que también es importante que la gente conozca para “normalizarnos”.

    Así, las personas con trastorno mental no somos ni tontos ni disminuidos psíquicos. Y tampoco somos todos genios. Curiosamente, las dos ideas están extendidas entre la población. Unos nos consideran tontos y otros súper inteligentes. Las dos cosas significan que no somos personas normales.

     Y si algo debe quedar claro es que, si como dice la Organización Mundial de la Salud, un 25% de las personas sufrirá un problema de salud mental a lo largo de su vida, somos personas tan normales como cualquier otra. Cualquier persona puede padecer un trastorno mental. Así, tenemos que dejar de pensar en un problema mental como algo completamente ajeno a nuestra vida.

     Otro punto a tratar es que, en muchos casos, podemos estudiar o trabajar o ambas cosas. No somos inútiles irrecuperables. Podemos llevar una vida normalizada en este aspecto también. En algunos casos, podemos necesitar más apoyo, pero somos capaces de aprobar unos estudios o mantener un trabajo.

   Y podemos formar una familia. Podemos mantener una pareja y tener hijos. Y estamos capacitados para educarlos. No tenéis que hacer más que mirar en nuestro proyecto “Personas como tú”, la entrevista al compañero Lluís Imedio.

     Esto también significa que tenemos las mismas necesidades afectivas que los demás. Necesitamos amor como todos. Y amamos a nuestra familia como cualquier otra persona. No somos monstruos indiferentes y fríos.

     Así, lo que sí que es algo que hay que “des-normalizar”, es el estigma que nos considera monstruos imprevisibles y extraños.

Fèlix Rozey