Escaleras al cielo

Fotografía © Elena Figoli

 

    Las personas con dificultades de salud mental tenemos muchos problemas. Problemas internos y problemas externos. Como si no hubiera bastante con nuestros trastornos mentales, tenemos el estigma que nos rodea. Y los problemas internos ya son de por sí terribles.

     En ocasiones parece como si, hagamos lo que hagamos, no hubiese soluciones. Pasan los años y nuestras vidas no se arreglan. Parece que nos estabilizamos, que podemos llevar una vida más normal, y de nuevo salen brotes, ansiedades y depresiones. Y mucha gente no ayuda en nada. En ocasiones, ni la familia ayuda. Y no sabemos qué hacer. Nos abandonamos al tabaco o el alcohol. Desgraciadamente hay gente que toma medidas aún más terribles. Parece que hemos encontrado una combinación de medicación que nos va bien y poco después tenemos una recaída. Y es así como son las cosas. No podemos confiarnos nunca. Y si intentamos huir con tóxicos, las cosas todavía pueden ser peores.

     Y pese a todo, pese a que nos encontremos en el invierno de la vida, no podemos perder la esperanza de que la primavera esté próxima. Yo en ocasiones estoy mal, pero comparado a como estaba hace unos años, estoy mucho mejor. No podemos abandonar. Puede que quien lea esto tenga veinte años y no ve que las cosas se arreglen en un futuro próximo. Pero si continúas luchando, puedes estabilizarte y disfrutar de una vida al menos aceptable. No digo que las cosas sean fáciles y puede implicar años de lucha, pero no podemos permitir que nos venza la enfermedad o la sociedad. No podemos abandonar.

     Puede haber soluciones a nuestro alrededor. Una terapia de grupo, un grupo de ayuda mutua, un psicólogo que te dé un  nuevo punto de vista sobre las cosas. Pueden encontrar una medicación que te vaya mejor. Las cosas pueden cambiar. Y nosotros, hasta cierto punto, podemos hacer que cambien. Podemos buscar cosas que nos den soluciones parciales. No creo en soluciones mágicas. No creo que un médico en un cuarto de hora nos cure. Ni una religión ni un gurú. Pero podemos conseguir más momentos de paz mental.

     En ocasiones parece como si el mundo entero estuviera contra nosotros. Necesitamos ayuda de otras personas y nadie nos la da. No sólo no nos ayudan, sino que nos hunden más. Pero nosotros lo sabemos perfectamente, en esta vida no todo son flores y violas. Ya tenemos práctica. Ya vemos cuando una persona no sólo no nos ayuda sino que disfruta atacándonos. Y con el tiempo podemos desarrollar escudos contra esta gente. Poco a poco sabemos más de nuestro trastorno y de cómo actúa la gente respecto de nosotros. Aprendemos estrategias que nos ayudan a convivir con nosotros mismos  y con los demás. Y un día tendremos una primavera.

Fèlix Rozey