Princesa Inca

“El Delirio tiene cosas positivas. Nos acerca a una parte nuestra que está sepultada.”

Cristina Martín, la Princesa Inca: Poetisa, Jardinera, Periodista y miembro de Radio Nikosia. Autora de “Crujido” y “La Mujer-Precipicio”.

     Nací en Barcelona hace 34 años, en otoño, por eso, creo, tuve una predisposición natural y temprana hacia  la melancolía, lo cual me llevó desde chica a escribir y leer sin descanso, viendo en ello una manera de refugiarme en algo más allá de lo cotidiano del mundo. Poesía y más poesía ha sido mi manera de salvarme y seguir existiendo. La literatura ha supuesto poder continuar viva y me acompaña en las noches más crudas.

     También me apasionan los bosques y las plantas, por eso mi oficio es jardinera. También me han atraído los estudios, como la Psicología, para inspeccionar aquello que llevamos muy adentro.  Sobre todo y ante todo el inconsciente que, creo, es de dónde surge todo lo más fascinante para crear y crear. Adoro la lluvia y me estremece el alma el poder leer un buen poema en el silencio de la noche.

¿Cómo surge la Princesa Inca?

     La Princesa Inca, la idea de Princesa Inca, nació en un psiquiátrico. Yo he tenido tres ingresos. En el segundo, a los 24 o 25 años, estando ingresada en un manicomio muy grande que se llama Impu, durante el ingreso me vino el delirio de que yo descendía de los incas, que había estado en el Machu Picchu, que vivía allí. Ya sabes, los delirios que te los crees de verdad. Yo sentía que había estado allí, participando en los juegos florales, haciendo sacrificios… Cuando se me fue el delirio, empecé aquí en la Radio (Nikosia).

     Y el delirio siempre se tapa y se niega. Como que hay que descartarlo. Pero tiene cosas positivas el delirio, no todo es malo, nos acerca a una parte nuestra que está tapada, sepultada. En honor a esa parte delirante, me puse el seudónimo de Princesa Inca.

     Hay delirios que te hacen sufrir, pero hay otros agradables, que son bonitos. La Princesa Inca es un homenaje a esa parte que me gustaría rescatar. Hay que ver la parte positiva de las ideas que llamamos delirantes. Ya es delirante todo lo que hay, no sólo en la salud mental. Bueno, es todo un debate este tema.

¿Cómo empezaste en Radio Nikosia?

     Vine a la radio, hace… Desde el principio, hace como 10 años o más. Llegué a los pocos meses de empezar Radio Nikosia. Vine porque me encontré por la calle a una chica que había estado ingresada conmigo. Ella me dijo que empezaba una radio que la hacían personas que habían pasado por la experiencia de la salud mental, que se iba a hacer un programa. Me gustó mucho la idea, vine con ella, y así surgió.

     Es muy interesante lo que hace Radio Nikosia. Lo más importante, es dar voz a personas que, normalmente, no tienen voz, que no se las escucha. Y es mágico. Ves cómo la persona se va llenando de fuerza conforme pasan los programas. Ves cómo una persona tímida participa en un debate, escribe textos, da su opinión, comparte sus ideas. Es muy enriquecedor.

     Yo siempre hice radio. En BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y en COU (Curso de Orientación Universitario) ya hacía radio. La radio tiene una magia propia. No es visual, así que te imaginas lo que escuchas. Te permite reflexionar más. Escuchas en silencio, sin  imágenes, es más profundo.

Y a escribir, ¿cuándo empezaste?

     Desde pequeña, recuerdo a los 6 años hacerle poemas a mi madre. Ella, mi madre, no tiene estudios, la quitaron pronto del cole. Pero le gusta la poesía y en casa se leía a Lorca, a la generación del ‘27, y fue ella quien me dio el gusto por escribir. Ella escribía poemas y me animó desde pequeña a escribir.

¿Qué te aporta a ti la escritura?

     Es, absolutamente, la salvación. Es el refugio cuando ya uno no sabe para dónde ni hacia dónde escapar. Si no hubiera escrito, si no fuese escritora, no estaría viva. Me parece.

¿Llevar un diagnóstico no te ha perjudicado como escritora?

     Al revés. El diagnóstico es lo que me ha permitido publicar, porque es una particularidad. Es una manera de ver el mundo que es diferente a lo que se dice “normal”. Creo que mucha fuerza de mi poesía viene de la experiencia en el sufrimiento mental. Yo escribía desde muy pequeña, pero cuando mi poesía ha madurado más y ha cogido más fuerza es después de estas experiencias. Si miro mis poemas de la adolescencia, son mucho más naif, más superficiales. Después de las 22, después del primer brote, coge una fuerza que no tenía antes, por esa experiencia vital del sufrimiento.

¿No has vivido discriminación por motivos de salud mental?

     No… Bueno, sí, claro que sí. Un poco al principio, en el primer brote, el primer ingreso. Hubo gente que se suponía que eran amigos, del instituto, de la universidad, que se alejaron, se perdieron. Gente que no lo entendió y me abandonó.

     También algunos conocidos que, después del brote, de verme mal, ya no me trataron de la misma manera. Ya no me invitaban a sus casas, ya no fluía la relación. Pero a nivel de los amigos más importantes, de la familia, no, no lo he vivido.

¿Qué haces actualmente?

     Vivo con mi pareja, en un pisito que nos hemos cogido en Badalona. Llevo una vida muy tranquila. Hago deporte, leo, escribo poesía, pinto –me gusta mucho pintar al óleo-, hago cursos de cocina, cerámica, baile, etc. Me dedico a vivir. Intento ser feliz, rodearme de gente que me quiera y que yo quiero. Vivo la pequeña rutina de la sencillez de la vida: Ir a comprar al mercado, ordenar mi casa… Simplemente vivir. He pasado épocas de tanto dolor que luego, el día a día, el estar simplemente viviendo, ya me parece hermoso.

¿Consideras que te has recuperado de tus problemas de salud mental?

     Totalmente no, en el sentido de recuperarme completamente del sufrimiento. Vivo con muchos miedos, tengo ansiedad. Tengo cosas que no me permiten estar tranquila. Pero también ahora tengo cosas que me han servido para mejorar mucho, sobre todo las personas, el amor y el arte. El arte es muy importante para poder canalizar ese sufrimiento.

     Y también es importante aprender a vivir con la diferencia. Eso es una lucha. Aún no he conseguido llevarlo totalmente bien.

     Vivir con la diferencia significa aceptar lo que eres. Llegas hasta aquí. Punto. No puedo trabajar doce horas de jardinera. No puedo acabar la carrera. No puedo hacer las cosas que hacen otras personas de mi entorno. Pero bueno, me tengo que adaptar, aceptar como soy.

     El momento que aceptas como eres, genera felicidad, ya no estás en la búsqueda de lo que no está ahí. Te aceptas con tu particularidad. Pero es un camino de toda la vida. No lo tengo solucionado, no todo está bajo control. Hay que aceptar como eres y hay que adaptarse a las circunstancias.

Además de aceptarse, ¿qué le dirías a una persona que acaba de recibir un diagnóstico?

     Muchas cosas. Primero, le diría que tuviera paciencia. En el sentido de que, si para curarte una pierna que se rompe te tiras unos meses, en el momento que tu mente enferma o se ve afectada tu salud mental, también necesitas paciencia. Si ya para una cosa física tardas unos meses, en una cosa mental puede ser más lento. En poco tiempo no puedes volver a poner en marcha todo el engranaje que podías soportar antes. Es muy largo.

     Luego también le diría que intentase tener o acercarse a un grupo de gente que le quiera y que él quiera. A veces sucede que desaparece todo tu círculo de afectos en el momento del brote. Hay personas que se quedan solas. En ese caso, que intente construir otro grupo de gente, que le comprenda más o que haya pasado por esa experiencia y sepa entenderlo.

     Necesitas un entorno que te escuche. Hay que intentar evitar el aislamiento. Tienes que buscar grupos, sitios donde hablar. Pero para hablar de eso, de salud mental, y de otras cosas. Porque tampoco hay que estar con el mono-tema. Pero es difícil. El principio es duro.

¿Una última reflexión que quieras dejar a quien te está leyendo?

     Sí, hay algo que, en general, nos pasa a las personas que estamos diagnosticadas. Siempre te están diciendo que lo que tienes es una cosa mala, que lo que te pasa es un error, una tara, una enfermedad. Pero las llamadas “personas con enfermedad mental” tienen tanto que dar… Yo he encontrado más sensibilidad a la vida en las personas diagnosticadas que en las no diagnosticadas.

     Me gustaría que llegara un punto que se reconociera lo que empodera esa enfermedad mental a los que hemos tenido crisis existenciales. Porque a veces llega un momento que la mente no aguanta más y peta. Pero son experiencias vitales. Me gustaría que se pudiera hablar de la parte positiva que supone haber tenido ese hundimiento. A veces sales mejorado de esas crisis. Me da rabia que siempre se hable como de una tara, como que los delirios no tienen ningún valor. Es mentira. Cuando deliras tienes pensamientos muy lúcidos. Hay muchos escritores o pintores que su obra ha sido a partir de un brote.

     Tampoco nos tenemos que ver o sentir tan enfermitos. Cuando veo a la gente que estamos diagnosticadas diciendo “Es que no valgo”, “Es que yo soy esquizofrénico”… Me pone la piel de gallina. Eso de hacerse el paciente, el pobrecito, es lo peor. Y a mí me lo ha dicho mi médico, que “soy” esquizofrénica, como mi identidad. Pero, ¿de qué estamos hablando? Si la psiquiatría está en pañales. Somos la panacea de las farmacéuticas. Si hay quienes te dicen que, como tal, la enfermedad mental no existe.

     Claro que tantos años en la lucha, 10 años ya, llega un punto que te agotas. Por una parte, ves gente al pie del cañón, defendiendo nuestros derechos. Y luego ves mucha gente que coge el rol de la sumisión. No saben ni qué toman de medicación. No porque estés diagnosticado te tienes que sentir como un tonto. Quienes estamos diagnosticados tenemos un compromiso: de saber, de informarnos, de comparar.

     Y tiene que haber un compromiso en el colectivo. Este es otro tema. No puede darte igual la reforma del Código Penal. Y el compromiso no es una cuestión de enfermedad mental. El compromiso tiene que estar en todo. Muy poca gente se compromete con la lucha por sus derechos. Ya pasa con los no diagnosticados, imagínate cuando vas con síntomas, medicado, cansado… Es más difícil. Pero siempre que estés medianamente bien, tienes que comprometerte. Luchar por tus derechos es algo que modifica tu vida.