Il·lustració © Saskia Lara

Ilustración © Saskia Lara

Desconfianza. ¿Qué me dirá si le hablo de mi trastorno mental? Miedo. ¿Y si saben en el trabajo lo que tomo? Rabia. La conducta violenta de un “enfermo mental” acapara a menudo la sección de sucesos de los informativos. La campaña de Obertament contra el estigma hacia los que tienen una problemática de salud mental los llevó a organizar este año unos desayunos con periodistas para ver qué hacer para que la prensa no dé una imagen distorsionada de un colectivo tan mal visto entre la población. Los medios de comunicación son en buena parte responsables de los prejuicios sociales, aunque no se les debe ver como enemigos que sólo buscan el sensacionalismo. Son unos agentes relevantes contra las injusticias y la corrupción, lo que no quita que también dejen escapar ciertas ideas poco precisas.

Respecto a la parte positiva, bien lo pueden decir los que han hablado en primera persona sobre sus vivencias aprovechando ocasiones como el día mundial de la salud mental. Es vital esta valentía individual para ir cambiando la mentalidad general. Al mismo tiempo, los periodistas son personas que pueden estar formados o no en temas de salud mental, así como su sensibilidad es fundamental para no caer en trampas como un titular morboso, un estereotipo o una broma de mal gusto. Que nadie dude que los periodistas se defienden cuando reciben acusaciones. Las instituciones tienden al secretismo (peor aun cuando los políticos meten la pata por falta de la debida prudencia), aparecen los rumores y la competencia les obliga a llenar más y más planas. Es la sociedad la que no se cansa de los escándalos y la que se pregunta las razones de un comportamiento muchas veces inexplicable.

Cierto es que una cosa es dar la cara en una entrevista amable, y sentir la satisfacción de haber roto un poco uno de los muros que nos separa del resto, y otra es convivir con lo que se piensa de los “locos” o los “desequilibrados”. Los periódicos o los espacios de noticias son capaces de hundir en un día los esfuerzos de jornadas y jornadas de sensibilización.

Dentro de Obertament, un reducido equipo de voluntarios analiza las denuncias que varios activistas les hacen llegar cuando ven o leen algo ofensivo en los mass media, en la publicidad o en las redes sociales. Tan importante es felicitar a los contenidos cuidadosos como criticar aquellos textos que hacen daño a mucha gente y la motivan a no querer salir del armario. Es bien común el uso de palabra “esquizofrénico” para designar algo caótico o desorganizado. Sin embargo, muchas veces se pueden rebatir los argumentos de un activista si, por ejemplo, se utiliza un término como bipolar de acuerdo a su significado en el diccionario, sin ninguna mala intención.

Quizás los periodistas no suelen responder a las sugerencias que se les envían, pero en ocasiones se puede establecer un rico diálogo, como cuando una redactora defendía la legitimidad de relacionar a ciudadanos que vinculaban el terrorismo islámico con una enfermedad mental. Aun cuando se le comentabe que la sustitución de la expresión enfermo mental por palabras como gitano u homosexual sería difícil de ver en un medio de comunicación, la profesional exponía que debía ser fiel a lo que había escuchado, aunque fuera una identificación tan perversa .

En conclusión, no es lo mismo una entrevista pactada o un artículo intemporal en las planas de Sanidad, que un suceso lleno de sangre y morbo, encargado a un trabajador que escribe a toda prisa y no contrasta todo lo que redacta. No desesperamos. El trabajo de muchos está contribuyendo a que tengamos más buena prensa quienes conocemos qué es un trastorno mental.

David García