Il·lustració © Francesc de Diego

Ilustración © Francesc de Diego

Yo me tomo dos antipsicóticos cada día. Me los tomo a media tarde, porqué antes me los tomaba por la noche y no podía dormir tranquilo. Ahora sé que bien entrada la noche me vendrá el sueño, con lo cual voy a dormir temprano y me levanto temprano. Puedo deciros los psicofármacos que me tomo: 200mg. de Amisulprida (principio activo) y 8 mg. de Perfenazina (principio activo), al día. Antes había estado con dosis de 600mg. o 400mg. de Amisulprida, pero me quejé y me la disminuyeron.

El motivo de la queja no era otro que las dosis más altas me provocan numerosos efectos secundarios: me engordo muchísimo, tengo ginecomastia, me provoca muchísima rinorrea (ojos llorosos y secreciones nasales), sobre todo por las mañanas cuando me levanto. También me causa náuseas, hasta el punto de levantarme a media noche para ir al lavabo y vomitar la cena, aunque la cena no tenga nada que me provoque las náuseas. Las náuseas me las provocan los fármacos, estoy 100% convencido. Este fármaco que me tomo tiene histamina, y provoca todo esto.

A más dosis de Amisulprida, más náuseas, por lo tanto, primero fui yo quien voluntariamente me bajé la dosis, y después me quejé a la psiquiatra, que en no bajar del burro que me tenía que seguir tomando 400mg., decidí cambiar de psiquiatra. El resultado del cambio todavía tiene que verse. He de decir que la nueva psiquiatra me propuso un cambio de Amisulprida por Aripiprazol (principio activo), resultando que los dos o tres primeros días del cambio progresivo (menos dosis de Amisulprida i más de Aripiprazol) me causaron tantos estragos en mi comportamiento, que a los dos días dejé el Aripiprazol y a la siguiente visita psiquiátrica la profesional me lo retiró y me volvió a dejar la Amisulprida de 200mg.

Más allá de consideraciones sobre la medicación, con la que todo el mundo tiene experiencia y puede explicarnos la suya, está la idea que transmite la Antipsiquiatría, y entre muchos socios de ActivaMent también está, que la medicación no sirve, que no arregla nada y que estropea más cosas que no las arregla. Conozco quien ha dejado los psicofármacos y lo lleva bien, pero lo lleva bien porqué hace algún tipo de terapia más intensiva como el Diálogo Abierto, que en Barcelona hay un grupo de gente: afectados, familiares y profesionales que lo practica. Mientras que la gente que vivimos en un pueblo “aislado de la civilización”, como quien dice, no tenemos acceso a este avance que nos llega desde Finlandia: el Diálogo Abierto.

Yo soy una persona muy activa, mentalmente, pero al mismo tiempo tengo los ritmos circadianos alterados casi permanentemente. Nunca sé cuándo tendré sueño, cuando querré dormir, cuanto rato dormiré o cuando me levantaré, de manera que la medicación me ayuda a darme un ritmo vital en mis horarios de sueño y vigilia. Me permite tener compensado mi malestar cuando noto los pródromos que podrían llevarme a tener un brote psicótico, si no me cuido. Los antipsicóticos me permiten poner freno a mi mente delirante, cuando las alucinaciones no me hacen la vida imposible y no siento voces, ni veo cosas que no son. Las creencias falsas no dejan de ser mi fantasma, pero, ¿de quien no dejan de ser un fantasma? Las personas que tenemos algún tipo de psicosis sabemos que si no se trata nuestro “malestar mental” cuando tenemos días hiperactivos, o por el contrario, hipoactivos, en los que nos abandonamos en una cama y ya puede chillar quien quiera, que no nos podemos levantar, o hacer alguna cosa positiva, que siempre estamos negativos y suspicaces porqué siempre hay alguien que nos quiere hacer la vida imposible o la puñeta… estas personas sabemos que hay una cosa que se llaman fármacos antipsicóticos, que no son la panacea, pero nos ayudan un poco más en este propósito de mitigar los síntomas del trastorno –según mi punto de vista- y ayudan a hacerlos más soportables, a pesar de todos los efectos secundarios, tan indeseables ¡como horribles!

He leído en alguna parte que las medicaciones psiquiátricas, los antipsicóticos, por ejemplo, pueden causar problemas cardíacos, esto resulta, a la larga con ataques de corazón, que pueden ser letales en algunos casos. Joanna Moncrieff lo dice en el libro “Hablando claro”. Bien, si me viene un ataque de corazón y me muero, los que vengan detrás de mí sabrán qué significa esto de la psicosis y el tratamiento con los antipsicóticos. Sabrán qué significa que traten tu problema de salud mental con una química de dudosa reputación, que por no tener, no tiene el respaldo de activistas por la salud mental, que en primera persona somos quienes recibimos los efectos secundarios de estas medicaciones, que pueden resultar letales, si no nos cuidamos.

Las personas que tenemos esquizofrenia tenemos un índice de vida hasta veinte años inferior al resto de la población. Si es así en mi caso, he decidido aprovechar todos y cada uno de los días que me quedan en este planeta, de manera que como decía Steve Jobs: “Si vives cada día de tu vida como si fuese el último, algún día realmente tendrás razón”. Así me tomo la vida últimamente, siendo consciente que no duraré mucho, aunque sea por la puñetera medicación, o el tabaco… del cual me cuesta horrores desprenderme fácilmente.

Dani Ferrer