Il·lustració © Marta Bassart

Ilustración © Marta Bassart

Este escrito es una continuación de mis reflexiones hechas en el artículo “Desembarazarse de la etiqueta pegada“.

Hoy os hablaré de mí. A los 22 años me diagnosticaron de esquizofrenia paranoide. Durante mi vida he tenido diferentes recaídas, en las que tuve que ser ingresado en planta.

Mi padre no me ayudó mucho a librarme de la etiqueta que llevaba pegada, por él yo siempre sería un enfermo. En el año 2002 fue de momento y toco madera, mi último ingreso. Desde entonces he llevado una vida como cualquier otra persona. Fijaos bien, de eso hará 18 años, y en este tiempo, gestionándolo con mi psiquiatra referente, hemos ido ajustando la medicación, hasta tomar una mínima cantidad de medicamento que me permite una vida digna, sin efectos secundarios, y sin mucho aturdimiento mental.

¿He superado la enfermedad? No lo sé, pero de lo que estoy seguro, es que si a estas alturas se me hiciera un reconocimiento para dictaminar cuál es mi diagnóstico actual, tal vez sería muy diferente de lo que en un principio se formuló.

Pero, el problema no es cómo me siento yo, sino cuál es el concepto que tiene la sociedad de mí. Por ejemplo, hace más de treinta años que tengo carnet de conducir. Desde que se instauró lo de los puntos, siempre tuve un ojo de encima y, si me han puesto cinco multas en todo este tiempo, ya son muchas. Me considero un conductor ejemplar. Entonces, ¿por qué cuando voy a renovarme el carnet de conducir sólo se me renueva de año en año? Acepto que debo notificar si tomo algún medicamento psiquiátrico, ¿pero es lo mismo tomar 5 mg a tomar 100 mg? Aparte que a mí el carné en 10 años me supone un gasto de unos 800€, mientras que en un conductor “normal” no le llega a los 100€.

Otro caso en el que nos vemos marginados es a la hora de contratar un seguro de salud o de vida, por el sólo hecho de tener un diagnóstico psiquiátrico, no sabéis la de pegas que ponen. A la hora de alquilar un piso, otra cruzada. Y así os podría explicar…

Es por todo ello que me decidí a ser activista, no socio, ni voluntario, sino un elemento activo en una sociedad pasiva. Y aquí estoy en mi día a día intentando poner mi granito de arena, para que llegue una época donde acabe hablar del estigma y de exclusión en salud mental.

Josep Franch Barba