Il·lustración copyright de Cristina Méndez

Il·lustración © Cristina Méndez

Hace pocos meses ActivaMent se vio en la obligación moral de hacer público en su ideario un valor que ya estaba presente: El Antifascismo, porque detectamos conductas fascistas que tuvieron graves consecuencias. En la actualidad nos vemos obligados a seguir justificando algo que hoy en día tendría que estar superado, pero a pesar de todo no lo está.

En nuestra vida cotidiana la politización es una cosa necesaria y más en una asociación donde se vela y se lucha por los derechos de las personas con problemas de salud mental porque constantemente se vulneran nuestros derechos con: ingresos forzosos, contenciones mecánicas y químicas, sobremedicación, esterilizaciones, abortos coercitivos, carencia de perspectiva de género, etc.

Las opciones políticas que son intolerantes y discriminan a diferentes colectivos, como las personas racializadas, migrantes, mujeres, personas del colectivo LGTBIQ+, con problemáticas de salud mental, etc., no tienen cabida en ActivaMent. Y para aquellas personas que las disculpan o bien dicen que todos tenemos derecho a tener nuestras ideas políticas y que “censurarlos” es coartar su libertad de expresión, les diría que ser o pensar de manera fascista no es cuestión de libertad de expresión. Estamos hablando de personas que no respetan que todas las personas y/o colectivos, absolutamente todas, tenemos los mismos derechos y que nadie puede discriminarnos ni criminalizarnos. Es decir, ejercer violencia de la manera que sea, verbal o física hacia el otro. Esto teniendo en cuenta que nuestro colectivo ya está bastante estigmatizado, discriminado y sí, a veces también criminalizado (recordemos el prejuicio de peligrosidad tan extendido hacia nuestro colectivo). Nada es apolítico, formamos parte de una estructura de poder que nos afecta en todo lo que hacemos en nuestra vida y afecta a los derechos humanos de todas las personas y de los colectivos más discriminados y donde se vulneran más derechos y entre ellos estamos el colectivo de personas locas y las antes mencionadas. Las personas podemos pertenecer a diferentes colectivos oprimidos, tener en cuenta esto es lo que se denomina interseccionalidad. Yo misma soy mujer, tengo problemas de salud mental y formo parte del colectivo LGTBIQ+.

Estas personas son claramente: clasistas, machistas, racistas, sexistas, antifeministas, lgtbiq+fóbicas, anticatalanistas, antisindicalistas, etc. Y muchas tienen un discurso victimista, como, por ejemplo: hombres que dicen sentirse oprimidos porque no tienen cabida en un Grupo de Ayuda Mutua (GAM) de mujeres (??) o una comisión feminista hecha por y para mujeres en una cultura profundamente heteropatriarcal. A las personas que no respetan ni quieren la diversidad ni el pluralismo social ni los valoran: no las queremos en ActivaMent porque no respetan los derechos de las personas psiquiatrizadas y las no psiquiatrizadas.

La ultraderecha crece desde hace tiempo con un estado heredero del franquismo, con la incertidumbre económica, con el miedo, con la esperanza de promesas populistas y algunas personas oprimidas dan apoyo precisamente a su opresor.

Como reflexión, creo que tenemos que ser críticos y comprometidos con nuestra lucha, no aceptar ningún tipo de violencia ideológica ni en palabras ni en hechos; es decir, no podemos ser tolerantes con los intolerantes. ¡Fascismo cero!

Por eso nuestra asociación no permite ni permitirá ningún discurso de odio hacia ningún colectivo ni persona.

Mònica Civill Quintana