Ilustración © Jennifer Helfand

Este pasado 30 de mayo pudimos disfrutar de la celebración del Orgullo Loco 2021. Debido a la situación de pandemia que vivimos desde marzo del año pasado, es la segunda ocasión que se tuvo que celebrar de manera telemática. No es nada agradable no podernos reunir presencialmente, pero es una buena oportunidad para hacer partícipes de nuestro día a todas aquellas personas de todo el territorio que en otras ocasiones no nos han podido acompañar.

Para mí, el Orgullo Loco es celebración, pero, sobre todo, reivindicación.

Celebramos que por muchas piedras que nos hayamos encontrado en el camino, hemos logrado superarlas y seguir adelante. Que ya no nos escondemos y somos capaces de dar la cara. Estoy loca, sí. ¿Y qué? No nos hace ser personas menos válidas, no da derecho a los otros a tratarnos diferente.

Nunca nos cansaremos de reivindicar y exigir la no vulneración de nuestros derechos, merecemos ser tratados de manera justa. Por mucho que la sociedad mire hacia otro lado cuando de forma sistemática y en muchos ámbitos de nuestras vidas se nos relega a la condición de personas enfermas, nosotras seguiremos unidas y haciendo fuerza. Exigiremos un trato respetuoso y no violento, reclamaremos que nos hagan partícipes de nuestro proceso y no se vulnere nuestra voluntad y pediremos la participación en la toma de decisiones a nivel político en todo lo que nos afecta.

Me gustaría recordar que el Orgullo Loco no es sólo un día, sino que representa el compromiso firme de todos y todas para avanzar en la gran tarea de conseguir que se reconozcan y no se vulneren nuestros derechos.

Por todos estos motivos (y más), a todas aquellas personas que en sus posiciones de poder sólo quieren poder escribir en un informe “conciencia de enfermedad y adherencia al tratamiento”, nosotras respondemos: “¡Conciencia de opresión y adherencia a nuestros derechos!

Niobe Portero